En la ciudad de León. Gto., acaba de ocurrir una verdadera tragedia, al fallecer de manera prematura seis adolescentes en un accidente de tráfico posterior a acudir a una fiesta. Desde esta columna expreso mi más sentido pésame a las familias por tan sensible pérdida. Este hecho vino a poner en los ojos de nuestra sociedad diversos temas, entre ellos, cuál pudiera ser la edad correcta para conducir un vehículo de motor; de la venta y consumo de alcohol; de la corresponsabilidad. Los medios de comunicación han dado cuenta de las declaraciones y propuestas de primera reacción tanto de la sociedad civil, de los funcionarios públicos, legisladores y editorialistas.

El pasado 28 de mayo publiqué en este mismo medio acerca del vino y sus consecuencias en Guanajuato, que puede ser revisada en http://bit.ly/2d8IbN2, de donde rescato que esta droga lícita causó discapacidad y muerte a miles de personas. El diagnóstico del daño personal, familiar y social de la ingesta de alcohol ya es más que conocido, sin embargo, el tratamiento para disminuirlo, está más que lejano, sobre todo, porque el alcohol en México es una droga lícita.

Cito lo dicho en 1917 por el General José María Rodríguez: “La fuerza de nuestra nación estará en razón del número de habitantes y de su riqueza individual y colectiva; pero si los componentes de nuestra raza en inmensa mayoría están degenerados por el alcohol y son descendientes de alcohólicos o degenerados por las enfermedades y por añadidura pobres miserables, que no pueden trabajar ni luchar por la vida con ventaja, por su inhabilidad física y naturalmente moral, tendréis entonces disminuida la fuerza nacional en razón inversa de los físicamente inhabilitados, de los enfermos y de los pobres, y por eso es una necesidad nacional que el Gobierno de hoy en adelante intervenga, aun despóticamente, sobre la higiene del individuo, particular y colectivamente”.

El resultado fue la incorporación a la Constitución Política de lo siguiente: “Las medidas que el Consejo haya puesto en vigor en la campaña contra el alcoholismo y la venta de substancias que envenenan al individuo y degeneran la raza, serán después revisadas por el Congreso de la Unión, en los casos que le competan”.

El próximo año, se cumplen 100 años de la única droga -alcohol- que como país luchamos contra ella -alcoholismo- y la realidad nos sigue poniendo en nuestro lugar: su consumo ha aumentado, las enfermedades directas e indirectas por su ingesta también. De hecho, la Ley General de Salud acaba -otra vez- de ser modificada en la materia de salubridad general, la cito: “El programa para la prevención, reducción y tratamiento del uso nocivo del alcohol, la atención del alcoholismo y la prevención de enfermedades derivadas del mismo, así como la protección de la salud de terceros y de la sociedad frente al uso nocivo del alcohol.”

La calidad del alcohol; los puntos y horarios de venta; el costo de adquisición, impuestos incluidos; edades, tipo y cantidad de consumo; las conductas una vez ingerido; los riesgos personales y sociales al combinar alcohol, uso de teléfonos móviles y la  aversión al riesgo de los jóvenes; medidas punitivas al “mal comportamiento social” son tan solo algunos de los vectores para estudiar a fin de seguir aprendiendo cómo minimizar los riesgos del alcoholismo. No hay tratamiento eficaz y se deben combinar medidas y establecer observatorios de seguimiento para ver si su aplicación funciona.

En León hay dos cosas ya probadas: que el alcoholímetro no ha disminuido el patrón ciudadano de conducir alcoholizados y que el precio de la multa por hacerlo tampoco. En los jóvenes el fracaso es mayor por su propia naturaleza de aversión al riesgo. Habría que debatir más el tema con seriedad y mayor participación social.

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