El tabaquismo representa la primera causa de mortalidad prevenible. Las estimaciones actuales proyectan para el periodo 2010-2050 un saldo de 400 millones de muertes a causa de las enfermedades relacionadas con el tabaco en adultos. El 80% de estas muertes se producirán en países de bajos y medianos ingresos, entre ellos México, donde a 10 años de iniciar esfuerzos importantes para combatir el tabaquismo, la proporción de años de vida ajustados por discapacidad que se pierden cada año a consecuencia del consumo del tabaco aún es muy elevada.

El tabaquismo impone además una significativa carga económica. Se estima que el mismo genera un costo a nivel mundial superior a los 500 mil millones de dólares, principalmente por costos directos en el sistema de salud y por productividad perdida. La recaudación por concepto de impuestos sobre el consumo de tabaco cubre menos de un tercio de estos costos. Tan solo los costos médicos directos producidos por el consumo del tabaco pueden llegar a representar pérdidas para los países de hasta 1% de su producto interno bruto y ser responsables del 15% de todos los gastos sanitarios -http://www.paho.org/journal/-.

Por si fuera poco, el tabaco empobrece de manera desproporcionada a los más pobres, en quienes se registra la mayor prevalencia, a través del gasto en tabaco, la menor capacidad de afrontar gastos derivados de la atención de la salud y la muerte temprana de quienes son sostén de hogar. México ha aumentado la inversión en salud desde la incorporación del sistema de protección social en salud, conocido como seguro popular, en 2004; pero también enfrenta una creciente carga por enfermedades crónicas al tiempo que persisten los problemas de salud de los países en desarrollo.

Los países que logren reducir la prevalencia de tabaquismo podrán obtener enormes beneficios sanitarios y grandes reducciones en los costos sociales y del sistema de salud. Para lograrlo, se debe avanzar en políticas eficaces de control del tabaco con datos precisos sobre las consecuencias sanitarias y económicas de la epidemia, así como información sobre cómo estas se distribuyen entre los individuos, las familias, las comunidades y los países -http://bit.ly/2feTAwt-. Este mes se publicó un estudio realizado por más de 40 investigadores de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú; para cuantificar el impacto económico en enfermedad cardiovascular y cerebrovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica -EPOC-, neumonía, cáncer de pulmón y otras nueve neoplasias -http://bit.ly/2ev6RA3-.

Los resultados fueron que cada año el tabaquismo es responsable de 33 mil 576 millones de dólares en costos directos para el sistema de salud. Esto equivale a 0.7% del producto interno bruto (PIB) de la región y a 8.3% del presupuesto sanitario. La enfermedad cardiovascular, la EPOC y el cáncer fueron responsables de 30.3%, 26.9% y 23.7% de este gasto, respectivamente. El costo atribuible al tabaquismo varió entre 0.4% (México y Perú) y 0.9% (Chile) del PIB y entre 5.2% (Brasil) y 12.7% (Bolivia) del gasto en salud. En la región, la recaudación impositiva por la venta de cigarrillos apenas cubre 37% del gasto sanitario atribuible al tabaquismo (8.1% en Bolivia y 67.3% en Argentina). La recaudación impositiva por la venta de cigarrillos está lejos de llegar a cubrirlo y la profundización de medidas como el aumento de impuestos al tabaco debería ser seriamente considerada.

En México, el precio del tabaco pasó de 43 a 46.7 pesos de 2009 a 2015, y una encuesta hecha en abril, revela que el 66.7% de los adultos, fumadores y no fumadores, apoya el incremento de los impuestos. Sin duda, el impuesto al tabaco ha funcionado y debe aumentarse.

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